lunes, 28 de abril de 2014

EL ÁLBUM

Me gustan mucho las fotografías. Algunas de las que componen este álbum las teníamos ya, y otras, muchas, me las habéis ido enviando poco a poco. Habéis abierto vuestros cajones generosamente y la tecnología ha hecho el resto. Nada como la fotografía para congelar un instante, para trasladarnos a otra época, para saber de donde venimos y para demostrar que el tiempo es relativo. Sentaos y disfrutad.

Todas las fotos que vienen a continuación me gustan especialmente por una razón u otra, y me gustaron desde que las vi la primera vez. Por ejemplo ésta, en la que aparece el tío Jesús, ya mayor, sentado plácidamente leyendo el periódico. A mí, que no le conocí, me transmite tranquilidad, conocimiento... es una de mis preferidas.

 

Como lo es esta otra en la que le podemos ver, muchos años antes, en uno de aquellos maravillosos coches que conducía con tanta facilidad.

 

 

Aunque pintado en un tablón, no se queda atrás el avión que pilotan "mamaría y papágrande", como toda la vida hemos llamado a mis abuelos, muy jóvenes, en una típica fotografía de las verbenas de la época.




Ni ésta de Ninín subido a una bicicleta más grande que él.


 

Las hay entrañables, con un gran significado... como esta en la que el tío Germán les cuenta sus peripecias a unos embobados José María, Aurelia, Basilio, y creo que de espaldas, la tía Enriqueta. Corresponde a su primera visita a España en los años setenta. En mi opinión, una foto histórica.





Y si hablamos de historia... para mí, quizás, la más emblemática de las que conservamos del Hogar Recreativo y Cultural, tan mencionado en este blog. Debe notarse que es una de mis debilidades y de dónde arrancó todo ésto. También debió significar mucho para los que aparecen en ella porque es la única que se ha repetido en vuestros envíos. Debía de tener copia toda la familia, y no es para menos. Es una fotografía un poco de cartón piedra, el maquillaje, el vestuario... corresponde a la representación de "Marianela", y en ella podemos ver a la tía Lucía, el tío Pepe, Je, Pedro Menéndez Pieri, mis abuelos... sin duda, otra de mis preferidas.


¿Qué decir de la fotografía de boda de Marita y José María Teso? Haber tenido la oportunidad de conocer a Marita, charlar con ella, verla aquí tan joven y tan guapa y poder reconocerla, no tiene precio. Lo mismo que a Teso, del que tanto he oído hablar.



 



Algo menos vestido y formal aparece en ésta, como árbitro de fútbol. Otra foto impagable.


 

Y para guapos, en las siguientes fotografías, Moreni  y Joaquín, Juli, Pili y Lola, Achín y Maruja, y mis padres, Luis y Alejandrina.








































En esta, mi padre también pasea pero no con su novia, sino con su madre. Por la Gran Vía.

 

Las siguientes y últimas, corresponden a algunos momentos vividos por abuelos y nietos Carrascosa. Juan Carlos con sus padres y el tío Jesús, mi hermana Marisa con nuestra abuela, y José Mari y Enrique con su madre y la tía Enriqueta.






 

Realmente, estamos consiguiendo un álbum muy completo de parte de nuestra familia. Una vez más, lo dicho, gracias por abrirme vuestros cajones.


 


 



 

miércoles, 9 de abril de 2014

EL HOMBRE DE LA BARBA BLANCA

Uno se imagina una escena casi lorquiana. La abuela Lucía y sus cinco hijas cosiendo en la sala de estar de la casa de Cardenal Silíceo. María, la más díscola, deseando terminar cuanto antes para poder reunirse con un muchacho que la espera. Enriqueta, la mayor, poniendo orden y atando corto a su hermana que antes de irse debe terminar el trabajo que empezó, se ha asomado varias veces a la puerta de la calle y ha comentado el frío que hace. Es pleno invierno. En una de esas ocasiones, entra en la habitación, mira a su hermana y le dice con una sonrisa: “Anda María, deja eso, ponte el abrigo y sal. Ahí fuera, en la esquina, hay un hombre con una barba blanca que se está quedando congelado”.

 

El hombre no es otro que Daniel, el noviete de María, vecino de la calle de enfrente. Se conocen desde niños y juntos hacen teatro, su pasión. ¿La barba? Una gruesa bufanda blanca que el chico lleva enroscada al cuello para intentar combatir el frío gélido que ha tenido que aguantar mientras esperaba a la chica en la esquina de su calle con López de Hoyos.





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Me he permitido un poco de “literatura” y dejar volar  la imaginación para narrar esta pequeña historia real que a mi padre le contaron muchas veces los suyos. María y Daniel eran jovencitos, casi niños. Me sirve para traer hasta aquí un pequeño librito de poesía, A Santander, publicado por Daniel San José en 1924 y puesto a la venta al precio de dos pesetas. Poemas amorosos, melancólicos, sociales... escritos con un lenguaje algo ampuloso propio de la época y la juventud de su autor. Algunos de ellos, dedicados:  A Rafael A. Casuso, A Carlos Valiente, A Mariano Romojaro, queriendo que fuera inmenso, Al "Cinco de humos" que conocí, A aquellos viejecitos de cabello blanco, y A Pedro Llabrés, compañero telegrafista con el que compartió la autoría de algunas obras juveniles como Eclipse total, y que muchos años después se convertiría en un popular autor de copla y revista. Curiosamente, otro lo dedica A los hermanos Quintero, que saben con la ilusión que lo escribí. Digo lo de curioso porque no nos consta que conociera a los, por entonces muy famosos, Hermanos Álvarez Quintero, aunque sí que representaron varias de sus obras en muchas ocasiones. Hay uno especial, El río. Es un poema amoroso, audaz y valiente para la época, que viene que ni pintado. Además, una crítica aparecida en el Diario de Burgos, de 13 de febrero de 1924. En las fotografías mis abuelos, María Carrascosa y Daniel San José, en aquellos años de la bufanda blanca.