miércoles, 9 de abril de 2014

EL HOMBRE DE LA BARBA BLANCA

Uno se imagina una escena casi lorquiana. La abuela Lucía y sus cinco hijas cosiendo en la sala de estar de la casa de Cardenal Silíceo. María, la más díscola, deseando terminar cuanto antes para poder reunirse con un muchacho que la espera. Enriqueta, la mayor, poniendo orden y atando corto a su hermana que antes de irse debe terminar el trabajo que empezó, se ha asomado varias veces a la puerta de la calle y ha comentado el frío que hace. Es pleno invierno. En una de esas ocasiones, entra en la habitación, mira a su hermana y le dice con una sonrisa: “Anda María, deja eso, ponte el abrigo y sal. Ahí fuera, en la esquina, hay un hombre con una barba blanca que se está quedando congelado”.

 

El hombre no es otro que Daniel, el noviete de María, vecino de la calle de enfrente. Se conocen desde niños y juntos hacen teatro, su pasión. ¿La barba? Una gruesa bufanda blanca que el chico lleva enroscada al cuello para intentar combatir el frío gélido que ha tenido que aguantar mientras esperaba a la chica en la esquina de su calle con López de Hoyos.





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Me he permitido un poco de “literatura” y dejar volar  la imaginación para narrar esta pequeña historia real que a mi padre le contaron muchas veces los suyos. María y Daniel eran jovencitos, casi niños. Me sirve para traer hasta aquí un pequeño librito de poesía, A Santander, publicado por Daniel San José en 1924 y puesto a la venta al precio de dos pesetas. Poemas amorosos, melancólicos, sociales... escritos con un lenguaje algo ampuloso propio de la época y la juventud de su autor. Algunos de ellos, dedicados:  A Rafael A. Casuso, A Carlos Valiente, A Mariano Romojaro, queriendo que fuera inmenso, Al "Cinco de humos" que conocí, A aquellos viejecitos de cabello blanco, y A Pedro Llabrés, compañero telegrafista con el que compartió la autoría de algunas obras juveniles como Eclipse total, y que muchos años después se convertiría en un popular autor de copla y revista. Curiosamente, otro lo dedica A los hermanos Quintero, que saben con la ilusión que lo escribí. Digo lo de curioso porque no nos consta que conociera a los, por entonces muy famosos, Hermanos Álvarez Quintero, aunque sí que representaron varias de sus obras en muchas ocasiones. Hay uno especial, El río. Es un poema amoroso, audaz y valiente para la época, que viene que ni pintado. Además, una crítica aparecida en el Diario de Burgos, de 13 de febrero de 1924. En las fotografías mis abuelos, María Carrascosa y Daniel San José, en aquellos años de la bufanda blanca.







15 comentarios:

  1. Hola Family,

    Yo que he sido siempre muy torpe a la hora de juntar letras y palabras, me da mucha envidia el leer estos escritos y poemas que elaboró tu abuelo, Carlos. Además de tener arte para ello pienso que formaba parte de una época en la que brillaba la inteligencia y la creatividad en sus múltiples facetas. Ahora somos unas máquinas del corta, copia y pega. Me hubiera gustado vivir aquella época de Romanticismo de los locos años veinte, aún con sus calamidades, fríos, sabañones, etc... Bueno, Carlos, sigue siendo el cronista de aquella época, que se nota la genética. Me lo paso muy bien leyéndote. Un abrazo

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  2. Hola a todos,

    Gracias de verdad Juan Carlos pero ya me gustaría tener el talento de mi abuelo escribiendo. Leo ahora cosas escritas por él hace tantos años y alucino por la imaginación, la lucidez y la corrección con que lo hacía. Y eso que empezó a escribir siendo muy joven.

    Yo también soy un enamorado de esa época. Me interesan mucho esos años veinte y treinta en los que había que inventar tantas cosas...

    Si te lo pasas bien leyendo este blog, el objetivo está cumplido. A mí me pasa igual cuando escribo y cuando os leo a los demás. Gracias otra vez por tu fidelidad y por lo que dices.

    Un abrazo,

    Carlos

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  3. Hola a todos:

    Estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Juan Carlos. Tu abuelo y sus coetáneos, incluyendo nuestros padres, tíos... formaban parte de esa época romántica donde, a pesar de las carencias que tenían, las vicisitudes que pasaban y lo difícil que era para ellos la vida, brillaban los valores humanos, el ingenio, el afán por adquirir cultura y la creatividad. En algún libro científico leí una frase que decía algo así como que "la creatividad es el escape a las limitaciones de la mente humana". A mí me admira cómo en aquella época, con muy pocos medios, eran capaces de aprender tanto, también de enseñar tanto, de divertirse de una manera tan sana, de hacer tantos buenos amigos... Básicamente eran muy felices y muy libres. Más que nosotros, con tantos recursos a nuestra disposición. Pienso, además, que se desperdiciaron inteligencias privilegiadas. Evidentemente, algo falla en nuestra época en la que poco falta para que caigamos en la esclavitud; y ello en parte por la pérdida de interés en el esfuerzo y en adquirir cultura.
    A mí también me da envidia leer estos poemas que rebosan sentimiento. El dedicado a Alfredo, ya comenté que me impactó profundamente por el dolor desgarrador que evidenciaba. Este otro, lleno de pasión, de nostalgia y de dulzura, resulta delicioso. No cabe duda de que tu abuelo estaba profundamente enamorado de tu abuela.
    Yo nunca he sido capaz de escribir en poesía, pues no se trata sólo de buscar palabras que rimen. Hay que tener mucho arte para ello y expresar lo que se siente, de manera elegante y con el mérito de hacerlo de manera casi musical. Creo que escribir en poesía es un don que no muchos poseen y supone un esfuerzo de concentración, abstracción y sentimiento.
    A mí también me gusta mucho leer lo que escribes en el blog, Carlos. Al igual que Juan Carlos, también creo que se nota la genética. Anímate y escribe algún relato, cuento, novela o poesía; lo que más te guste. Creo que lo haces muy bien.

    Un abrazo.

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  4. Querido Enrique,

    "La creatividad es el escape a las limitaciones de la mente humana", me quedo con esta frase. Y sí, completamente de acuerdo con vosotros. Fíjate que eran gente popular, de barrio, y sin embargo tenían inquietudes, algo que efectivamente en esta vida actual tan "comoda" en general, pero tan tramposa, cada vez abunda menos. A las inquietudes culturales me refiero. Creo que a los chavales ahora se les vende, o se les ha vendido, un mundo en el que hay que tener muchas cosas y ser el mejor en todo, de una manera muy engañosa. De todas formas creo que, afortunadamente, hay jóvenes que cada vez lo tienen más claro y hay que confiar en ellos.

    El día que coincidimos en la Escuela Popular de La Prospe charlamos sobre la manera de aprender y de estudiar de mis abuelos, tus padres y todos los que lo hicieron tanto en la Institución de Amigos de la Enseñanza como, más tarde, en el Hogar Recreativo y Cultural. Me gustaría en algún momento usar los dibujos de tu padre que vimos ese día, para alguna entrada del blog. Espero que no te importe.

    Gracias por animarme a escribir. Me gusta, aunque una cosa es hilar cuatro palabras y otra muy diferente, darle a la literatura. Bastante es que me atreva a hacerlo aquí y que lo leais.En cualquier caso te lo agradezco sinceramente.

    Un abrazo

    Carlos

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    1. En efecto, Carlos, a los chavales, adolescentes y jóvenes de ahora se le ha vendido eso que tú dices. Son víctimas del consumo y del afán por poseer muchas cosas, y de manera rápida y fácil, cuando fácil no hay nada. Todo ello agravado por ese espíritu de competición ( como bien dices, "ser el mejor"). Mi mujer, Amelia, a nuestros colaboradores les decía que lo mejor es enemigo de lo bueno y creo que tiene razón. Es curiosa la contradicción en la que se cae al pretender que sean los mejores cuando se les educa en la cultura del "no esfuerzo", "no problemas", "no traumas". Todo en esta vida requiere un esfuerzo y las metas no son fáciles. Nuestros padres y abuelos sabían perfectamente esto y a base de trabajo, esfuerzo e ingenio iban consiguiendo sus metas, que valoraban en gran medida por pequeñas que fueran.
      Seguramente que a Je, la experiencia de construirse sus propios juguetes, no sólo le produjo le produjo satisfacción, sino que además se agudizaría su ingenio y aprendería cosas que luego le serían útiles en la vida.
      Por supuesto que no me importa que uses los dibujos de mi padre; es más, tanto para mí como para mi madre será un honor.
      Nuevamente te animo a que escribas. Si eliges algún tema que te motive o apasione, todo irá fluyendo por sí solo. Luego lo lees, lo corriges, lo relees... y al final seguro que te queda bien.

      Un abrazo.

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    2. También me quedo con la frase de tu mujer: "Lo mejor es enemigo de lo bueno". Casi nada....

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  5. Desde luego Carlos te doy un diez,precioso relato,como todos los que realizas.Estoy de acuerdo con lo que pensáis,es admirable cómo en aquella época con pocos medios ese gran afán de aprender tanto.Gente con muchisimas inquietudes y que le daban un gran valor a las cosas.Mi padre,por poner un ejemplo,se hacia los juguetes para el era una gran satisfacción ,hoy día es impensable.Una buena educación es el mejor legado que podemos dar a nuestros hijos.Un beso para todos.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Gracias Concha. De acuerdo en que la educación es el mejor legado.

      Lo que cuentas de los juguetes que se fabricaba tu padre, me recuerda que a mí, de niño, el mío me hizo varios. Un patinete de madera con rodamientos, por ejemplo. Hace tiempo recordábais las casitas que hacían vuestros padres para los nacimientos. En mi casa poníamos unos nacimientos muy bonitos, y también muchas de las casas las hacía mi padre. Seguro que también lo aprendieron de niños.

      Ya veo que como anónimo entras a los comentarios sin problema. Me alegro.

      Un beso grande.

      Carlos

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  6. Muchos años después, frente a la ventana abierta al pequeño jardín de la casa familiar, María había de recordar aquella tarde remota de invierno, en que un joven poeta, romántico, soportaba el frío gélido bajo la protección de una bufanda blanca, en una espera sin tiempo, para ver aparecer a su musa, que al otro lado de la ventana, al calor de la estufa de leña y entre la algarabía de sus hermanas, disimulaba coser sin quitarle el ojo de encima. La Prosperidad era entonces un barrio...
    Un abrazo.

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    1. Como para seguir...

      Buen homenaje a Maria y Daniel...y a Garcia Marquez.

      Ya se te echaba de menos Mari Cruz!

      Un abrazo.

      Carlos

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    2. Como para seguir...

      Buen homenaje a Maria y Daniel...y a Garcia Marquez.

      Ya se te echaba de menos Mari Cruz!

      Un abrazo.

      Carlos

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  7. Mari Cruz, como dice Carlos ya se te echaba de menos.
    Gracias por tu gran sensibilidad.
    Un beso

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  8. Hola a todos:

    Hablando de homenaje a Gabriel García Márquez...

    Hemos recibido un correo con una presentación en Power Point de una despedida de Gabriel García Márquez a sus amigos. Inserto aquí el texto de la presentación para compartirlo con todos vosotros. Me ha parecido precioso (al igual que toda la presentación):

    Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.

    Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

    Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

    Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

    Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.

    Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

    A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

    A un niño le daría alas, pero le dejaría que él sólo aprendiese a volar.

    A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.

    Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

    He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

    He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.

    Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

    Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón.

    Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.

    Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

    Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

    El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.

    Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles: “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.

    Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.

    Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.

    Gabriel García Márquez

    Sirva también de homenaje a todos nuestros antepasados.

    Un abrazo.


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